De Aquí y de Ninguna Parte
Pensando un poco en mis orígenes, por
aquello de ser venezolano y vivir en Venezuela a pesar de todo lo terrible que conocemos,
he decidido adentrarme en mi estatus criollo. Pues resulta, que debido a la
mezcla histórica todos tenemos alguna relación ancestral con otros terruños. Como
les comenté en mi publicación anterior, nací en Caicara del Orinoco el cual, es
un poblado del sur del país, lejos de todo, menos de la despampanante
naturaleza, la imponte presencia del río Orinoco y del asentamiento Panare
(etnia de la zona).
Crecí en un pintoresco poblado colmado de migrantes
(árabes, dominicanos, colombianos, trinitarios, brasileños, peruanos,
ecuatorianos, italianos, españoles, portugueses y algún que otro uruguayo) debido
a la explotación de las minas de oro y diamantes en las cercanías que hacían de
Caicara el núcleo que todo aquel conglomerado que sin saberlo, me enseñó a
convivir con todo tipo de personas sin caer en actos estúpidamente xenófobos, ridículamente
humillantes o actitudes estereotipadas de quién se asegura dueño del espacio,
nación o planeta. Desde pequeño aprendí que todas las personas son valiosas en
sí mismas y, que, si salen de sus países, es por mera necesidad. Descubrí que
aquellos seres nunca dejaban de hablar y resaltar las bondades de sus lugares,
que todos somos parte de un grupo superior denominado SER HUMANO. También supe
que no hay nacionalidades mejores que otras que en todas hay toda clase de
gente. Para mí fue cotidiano estudiar con grupos absolutamente diversos en
cuanto a orígenes (generalmente nacidos en Venezuela). Es así que cuando me
preguntaron por mi ascendencia, no tenía nada que responder porque soy mas
criollo que la arepa, mi papá es de Margarita y mi mamá de Puerto Ayacucho. Soy
venezolano, guayanés, caicareño y por supuesto, panare.
Siendo todo lo anterior, y conociendo mi
origen, he tenido la oportunidad de viajar a otros lugares con una visión
simple de la vida: no importa dónde vayas, o tengas que llegar o cómo logres
llegar, lo importante, lo realmente importante es saberte PERSONA y reconocer a
los demás como tales. Bien podría hablar de las características de mi
nacionalidad o denigrar de cualquier otra, sin embargo, es imprescindible
recordar que habitamos un Errante, un vagabundo, un andariego llamado TIERRA
que viaja siempre hacia la derecha y le acompaña su compañera de viaje la Luna.
Todos somos importantes, valiosos, únicos, irrepetibles y naturalmente, SOCIABLES.
