Mi Primer viaje en Autobús
Saludos. Aprovecho que comienzo esta publicación para
contarles acerca de la primera vez que viajé en autobús. Pues, resulta que soy
nativo de Caicara del Orinoco, estado Bolívar, Venezuela, y, desde pequeño,
solo me sacaban de vacaciones por vía aérea (todo queda lejos). Resultó que
cuando tenía 12 años eliminaron las rutas aéreas y mi mamá decidió ir a visitar
a mi abuela en el estado Apure. Para poder llegar, la ruta a seguir era la
siguiente: cruzar el río Orinoco desde Caicara hasta Cabruta (unos 40 minutos
en lancha), y de allí, tomar el autobús hasta Dos Caminos para luego esperar
otro que nos llevara hasta San Fernando de Apure.
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Como era mi primera vez, resultó super
emocionante, me permitieron ir en la ventanilla, era un autobús Blue Bird viejo,
salimos a las 4 p.m. Sin embargo, nada de eso era importante, pase todo el
viaje emocionado, viendo por la ventanilla. Recuerdo cuando llegamos al primer
poblado, Las Mercedes del Llano, a unos 180 kilómetros de Cabruta, vi cada
calle y casas del lugar. Luego seguimos hasta Valle de La Pascua. Allí estuvimos
como dos horas, cuando por fin retomamos el viaje, recorrimos unos 120 kilómetros
más hasta el Sombrero y, así, por fin llegar a los Dos Caminos (una especie de
encrucijada en medio de la nada) eran las 2:00 a.m. todo me resultaba nuevo, en
medio de la madrugada esperando que otro autobús pasase y nos llevara a nuestro
destino final, el cual estaba a unos 240 km. Recuerdo cuando pasó un viejo
Mercedes, algo mas cómodo que el anterior, también, me permitieron ventanilla,
imagino que mi mamá percibía la emoción de aquel muchachito. Poco antes de las
6 a.m llegamos a nuestro destino. Pero ¿qué aprendí con apenas 12 años?, pues,
que mi vida no era, ni sería fácil, (evidentemente, no había recursos para
tener carro que nos permitiese hacer aquellos recorridos en menor tiempo y en
mejores condiciones), pero que la vida, es EMOCIONANTE en sí misma.
Cada experiencia
nos va nutriendo positiva o negativamente, dependiendo de la óptica y ánimo que
la tomemos. Imagino que para mi mamá sería motivo de tristeza tener que hacer
un largo e incomodo viaje, cuando en avión eran apenas 50 minutos, mientras que,
para mí, fue algo mágico observar lucecitas en la carretera, la luna llena y el
foco de los otros vehículos, disfruté aquellos pasteles de hojaldre rellenos de
crema de mantequilla que comí en Dos Caminos. En fin, no dejes que los obstáculos
destruyan tu vida. Vive cada experiencia, como algo único e irrepetible.
